Vivencias hasta los 5 años
Viernes, 22 de Enero de 2010 por antonioarellano
Entonces no existían las guarderías infantiles. Las madres, apoyadas algunas veces por las vecinas, cuidaban de sus hijos. Algunos, los menos, teníamos también la ayuda del padre. En mi caso, como la oficina de telégrafos se encontraba en la propia vivienda, gozaba de ese privilegio.
El tráfico se podía considerar nulo, por lo cual, los alrededores de tu casa significaba la zona para corretear y el alejamiento significaba el poder ser llevado por “el hombre del saco”. Advertencia muy usual hecha por las madres.
En esta circunstancia, debido a que frente a casa habían derribado una pared construida a base de adobes, entre los escombros surgieron cantidad de huevecillos y la curiosidad de niño me hizo observar como de uno de éstos, surgió una pequeña lagartija. Recibiendo así, mi primera lección de biología, sin tan siquiera conocer la palabra. El adobe, era un ladrillo sin cocer, que para hacerlo más resistente a la rotura, aportaban pajas de cereales al amasar el barro. Su protección cara a las lluvias, se hacía aplicando a las paredes una buena cantidad de cal, que además de la protección, embellecía.
Una vecina, labradores ellos, como en su mayoría las personas del pueblo, me llamó corriendo porque bajo una gallina, que había finalizado ya su periodo de incubación, surgían los polluelos. Preciosos…. y ¡como solían correr nada más nacer!, para pronto la madre, (que en este caso no puede asegurarse que los polluelos sean de sus propios huevos) les enseñaba a comer. La madre, digo no conocerse si los polluelos eran de sus propios huevos, pero lo que sí se puede garantizar es que todos ellos eran hijos del mismo padre. Solo un gallo, arrogante y presumido él, era el encargado de fertilizar a las 15 ó 20 gallinas. Gallinas que por supuesto campaban a su aire, por todo el corral, entre patas de mulas, borricos, etc. Jamás esclavas enjauladas como hoy en día. Creo que como segunda lección de biología merece la pena relatarlo.
La tercera vivencia es más triste. Caminaba cogido de la mano por mi padre, dirección a casa, regresando de haber entregado un telegrama. Junto a la iglesia y ya muy cerca, el médico del pueblo se paró a saludarnos. En el mismo instante, 3 ó 4 personas, vestidas con buzo, gorro y fusil al hombro, tomaron por ambos brazos al médico para introducirlo en una furgoneta. Mi padre intentó disuadirles, alegando: ¿Qué vais a hacer con este hombre, que es una buena persona? Su respuesta: ¡Cállate! O también vas tú con él! No recuerdo la cara de mi padre, pero del médico, nunca más se supo. Los ideales de entonces, muy diferentes entre los humanos, continúan en pié hoy, aunque puede que con sistemas distintos. ¿Hasta cuándo? 40 años más tarde de aquel suceso, alguien me informó, que gracias a la protección de un familiar, yo pude disfrutar a partir de ese momento de padre.-

Marcos del Rio Dijo:
Je, je. Está claro que lo del “hombre del saco” es un clásico.
Tu tercera vivencia es algo que nunca tuvo que haber pasado en España ni en ningún otro país. Dicen que la historia la escriben los ganadores. También dicen que quien olvida su pasado, está condenado a repetir los mismos errores en el futuro.
Ahora está de moda eliminar todo rastro de esa época, pero debería de quedar algún recuerdo (no una alegoría) para que viéramos lo mal que lo hicimos en el pasado y no repetirlo en el futuro.
Enero 22nd, 2010 a las 2:31 pm