¡¡Sorpresas en la vida!!
Viernes, 29 de Enero de 2010 por antonioarellanoNuestro paso por Aranjuez, durante el periodo de la guerra civil española, se puede considerar lo que hoy denominaríamos una escala técnica, por el corto periodo de permanencia. ¡Pero sí!, por dar un toque de humor negro al relato, voy a contar lo sucedido a mi hermano Rafael. Dª Casimira, dueña de la buena vivienda de la cual nosotros disfrutábamos, junto a ella, pero no conviviendo totalmente, había encerrado, en un espacio del patio y vallado con medio de unas tablas, una docena más o menos de gallinas, con su correspondiente gallo. Sin lugar a dudas, el propósito era obtener huevos frescos para ayuda de su alimentación, que buena falta hacía. En las tablas había ciertos orificios producidos por los propios nudos de la madera. Uno de éstos venía a estar situado justo, a la altura del “pitilín” de mi hermano, a sus 8 años de edad. ¿Qué idea tuvo? ¡Sí eso mismo! Introducirlo por ese agujero, con intención de hacer un pipí. El gallo, pendiente de cuanto se podía llevar al buche, cuando vio aquello que colgaba, le propinó por sorpresa tal picotazo, que consiguió hacerle la circuncisión. El grito y llanto fue tremendo y, mi tía Sofía, hermana menor de mi padre, que estaba allí, intentó cortar el reguero de sangre que brotaba de aquel órgano. ¡No lo logró! Y tuvo de llevarle, cubriéndolo con una toalla hasta la casa de socorro. Una hora después regresó, con un vendaje en cierta parte, no inferior al diámetro de una pelota de tenis. Cada cual sacará sus consecuencias de este suceso.
Otra sorpresa fue la visita del tío Pedro, marido de una hermana de mi madre, vestido con uniforme de guardia de asalto. Yo lo tenía identificado en su propio taller, en Fuensalida, con varios trabajadores, fabricando calzado, recordándolo muy bien, por el hecho de que los niños íbamos buscando aros con los que jugar, que obtenían de cubiertas de automóviles, cuyas gomas eran aplicadas para suelas del calzado. También nos llevó, como regalo, una tortilla de patata, dentro de una gran hogaza. Es obvio que este cambio de imagen se debía a sus ideales. Ideales, que le apartaron hasta pasado el año 1950 de su familia, que fue cuando por primera vez le visitó su hijo Angel (con mayoría de edad) para regresar de Francia, (donde permanecía como refugiado político) definitivamente a España, pasado el año 1975. Y me parece bien el advertir, para hacernos idea de lo que significó la guerra civil española, diciendo que durante ese de periodo, mientras el tío en Francia se las veía canutas para poder subsistir, un hermano, músico militar, interpretaba marchas en la “banda del generalísimo”. ¡¡QUE NUNCA MAS SUCEDA!!
