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Desde Aranjuez a Santa Cruz de la Zarza.

Jueves, 11 de Febrero de 2010 por antonioarellano

4939093[1]Las circunstancias obligaban a que las estaciones de telégrafos cubriesen su horario las 24 horas del día. Mi padre, significaría el 50% de la jornada, debido a que allí ya había otro funcionario. Éste, desgraciadamente falleció a los pocos días de incorporarse mi padre y las consecuencias fueron que durante el resto del tiempo, hasta terminar la guerra, las 24 horas tuvieron que ser atendidas, por quien con suerte vivió. Mantuvo constante atención prolongándose líneas hasta el dormitorio, e incluso hasta el refugio, ocupado en ocasiones como dormitorio comunitario de todos los habitantes del pueblo, cuando sonaban las sirenas por temor a los bombardeos. Afortunadamente no recuerdo ninguno. Tales refugios, recorrían bajo tierra gran parte del pueblo, con varias entradas.

TELÉGRAFOS, que así figuraba sobre la puerta de entrada, estaba situado en la misma plaza, frente al Ayuntamiento. Como era habitual, en la misma casa estaba la vivienda para el funcionario y su familia. Tenía varias plantas: La primera ocupaba la oficina, con su correspondiente antesala para  público.  Las restantes, destinadas a vivienda y terminaba su cubierta en una gran terraza, magnífica para contemplar acontecimientos y disfrutar del sol de invierno. Yo la utilicé, para hacer un dibujo del Ayuntamiento (a mi manera con  6 años), deberes del colegio. Como anteriormente dije, fue el lugar en que aprendí a escribir “Antonio”.

A juzgar por el número de personas (todas familia) que residíamos allí,  la casa era amplia. Sin poder asegurar las causas de tal agrupación familiar, deduzco que el motivo era “LA GUERRA”. Pero… ¡la causa! ¿Cuál era la causa? Mi abuela materna, separada de su marido en Fuensalida. Dos hermanas solteras de mi padre, separadas de su propia madre. Una prima hermana, niña como yo, hija de una hermana de mi madre, que residían en Camarena (Toledo) ¿Sería importante las fuerzas que dominaban los diferentes frentes? ¿Protección familiar tal vez? La pura realidad fue que de cuatro pasamos a ocho, subsistiendo bajo el mismo techo. ¡Nueve! al nacer, en Noviembre de 1938, mi hermano José Luis. Un próximo relato será motivo de detallar, como convivíamos y más cosas llamativas en dicho periodo. Si alguna persona lee este relato, habiendo conocido la época, agradecería algún comentario al respecto. ¡Muchas gracias!

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