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Abril 1939. Franco declara el fin de la guerra

Sábado, 27 de Febrero de 2010 por antonioarellano

iglesia

Deseo comenzar este relato solicitando  perdón a cuantas personas, que aun estén entre nosotros y leyendo alguno de ellos, pudieran sentirse afectadas. Lejos de mi está tal intención. Igualmente deseo mostrar mi sentimiento de dolor por aquellas otras (que son muchas) que abandonaron  este mundo  (q.e.p.d.).

El final de la guerra puede tener similitud con el final de una partida de ajedrez. El “mate al rey” viene a significar “el fin de la guerra”. Esto es, las figuras del tablero, las que quedan aun,  pocas son las que mantienen el lugar primitivo en su inicio. Si queremos volver a jugar otra vez, hemos de recomponer nuevamente posiciones. Esto mismo vino a suceder en casa de mis padres, que como dije fue aumentada hasta duplicarse y era justo regresar a sus propios hogares.

Mis tías, valiéndose de los medios que encontraron, que no eran demasiados, regresaron para Fuensalida con su madre. Allí se encontrarían a la vez con otro hermano, que había estado luchando en el frente. Por otra parte, mi tío Cesareo, carnicero de profesión, con despacho en Camarena, padre de mi prima y yerno de mi abuela, se presentó con un coche alquilado  con el fin de llevárselas. Voy a referirme al hecho de que mi tío, ajeno a la acción de recoger a su hija y suegra, también venía ofreciendo ayuda económica, que mi padre agradeció, pero rechazó. Existía una razón poderosa en esta oferta, que explico: Pocos fueron los billetes de banco que circularon por la llamada “zona roja” que fuesen válidos finalizada la guerra. Mi padre, pudo hacerse con algunos válidos, gracias a la información que recibió vía telegráfica de cual serían     las series que continuarían en circulación. Ello fue posible merced al dinero que llegaba hasta sus manos para remitir por giro telegráfico.

Así fue como la familia Arellano, quedó limitada al matrimonio con sus 3 hijos,  de 10 y 7 años y el pequeño con 5 meses. Pero antes de salir, cada cual para sus lugares, se celebró el bautizo del pequeño, actuando como administrador del sacramento el Sr, Bueno y como padrino el farmacéutico; mismo Sr. que  nos alejó de casa a los dos mayores, dándonos un buen paseo por el pueblo,  mientras  se estaba produciendo el nacimiento del menor en la propia casa. No puedo precisar si fue bautizado en la iglesia (por estar destrozada prácticamente) o en casa. Si recuerdo que se celebró con unas ricas rosquillas elaboradas por mi madre y un vino dulce que lograría mi padre con alguna recomendación.

Esta partida se dio por finalizada. Sin embargo mi padre, pronto sería incluido en la próxima.

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