Comienza una nueva etapa
Jueves, 25 de Marzo de 2010 por antonioarellano
¡Lo había escrito! El fin de la guerra no supuso que llegase la paz. ¡LA PAZ!, será posible cuando desaparezcan del género humano: La soberbia, la avaricia, la envidia y tal vez otro, como la ira. Y esto lo pienso desde cuando contemplé en mi niñez, que una vez terminada la guerra se producían situaciones, que al menos hacían preguntarme: ¿Qué sucede? ¿Por qué siguen deteniéndose a personas? Y presentía que los perseguidores de antes, ahora eran los perseguidos. Ciertas mujeres, tras cortarles el pelo, eran paseadas por las calles, para que fuesen castigadas bajo miradas de odio, venganza y alguna otra de compasión. Comentaban que las obligaban a tomar aceite de ricino como castigo. Y lo lamentable es, que después de transcurridas bastantes décadas, la humanidad continúa sin lograr la tan deseada paz.
Quienes tenían posibles, lograron moneda de curso legal; olvidándose de las anteriores e incluso resignados con sus pérdidas. Recuerdo que durante la guerra, a falta de monedas, el Ayuntamiento emitió unos vales, con los que se pagaba en el comercio. Aunque el disponer de dinero, no significaba poder comprar, porque para comprar es preciso existencias de productos y había muy pocos. Razón para que implantasen rápidamente las cartillas de racionamiento. Incluso para fumadores, establecieron a partir de los 18 años su cartilla. Ahora el tabaco mata. Entonces parecía que a cierta edad obligaban al consumo para creerse ser más hombre.
Casi a la vez del final de la guerra, fue la creación en los pueblos de LA FALANGE. Se habilitaba un local como cuartel y allí acudía, prácticamente toda la juventud, hombres y mujeres, que tuviesen interés. ¡Y eran bastantes! Puede que algunos por ideales, otros para intentar pertenecer entre los considerados vencedores y otros, los más jovencitos, por hacer algo nuevo, después de lo pasado. Todos ellos serían impregnados por los mandos con el espíritu de “los principios del movimiento nacional”. Yo demasiado pequeño aún, no pude ser admitido ni como pelayo.
Sí ingresó mi hermano Rafael, que dadas sus facultades para tocar la corneta, formó parte de la banda de cornetas y tambores! Que gallardos desfilaban por las calles del pueblo, con sus camisas azules y boinas rojas, antes y después de asistir los domingos a misa. La iglesia, aunque destrozada durante la contienda, por ser utilizada con otros fines, pronto se adecentó lo suficiente para celebraciones religiosas. Los falangistas acudían de obligado cumplimiento, en formación, a misa los domingos. Quiero destacar no obstante mi recuerdo de un detalle poco o nada común: Cuando el celebrante, caminaba hacia el púlpito, acompañado por los monaguillos, portando los ciriales, dispuesto a explicar su homilía, los hombres situados siempre próximos a la puerta, aprovechaban ese tiempo para fumar en la calle. ¿Por qué? ¿Sería demasiado exigente el cura en sus recomendaciones y no deseaban escuchar? Al terminar, siempre alguien advertía para entrar de nuevo.
En este periodo de tiempo, corto más bien, se clausura la estación de telégrafos y mi padre es requerido en el centro de Toledo. Aquí empieza nueva partida de ajedrez, siendo mi padre incluido en el tablero.
